Carnes con aroma a leña
El “Carrito de la 36” es una parada clásica en Pipinas porque mantiene la tradicional cocción de las carnes con leña al asador. La propuesta gastronómica, que comenzó hace 35 años como un puesto al paso, se transformó en restaurante y ofrece una amplia carta de platos.
La experiencia por el pago incluye recorridos por el Museo a Cielo Abierto (MAPI) y el sendero de la chimenea “El gigante, cenizas del recuerdo”, dedicado a la fábrica cementera que dio origen al pago.
“Desde el 2004, se lleva adelante el turismo rural de base comunitaria con propuestas de recuperación de la historia reciente, el arte público y los alojamientos”, indicaron desde la dirección de Turismo y Ambiente local.
Comidas artesanales con productos locales
Villa Lía es un pintoresco poblado rural de inmigrantes que conserva el encanto típico de la década del treinta, con sus casonas y edificios antiguos. Frente a la plaza principal se encuentra Las Argibay, un restaurante de comidas elaboradas a base de recetas artesanales, con productos locales.
Los platos con aves son la especialidad de la casa. “El pollo es algo muy característico de nuestro pueblo por la larga tradición avícola que tenemos”, afirmó Luz Argibay, su propietaria. También se suman al deleite los canelones preparados en vasijas de barro, las clásicas empanadas de carne fritas y el matambrito de cerdo a la pizza.
“Nuestra idea siempre fue promover el turismo comunitario con el fin de que quien nos visite se lleve un poquito los sabores del pueblo”, agregó.
Exquisiteces de campo
El poblado de Azcuénaga, perteneciente al municipio de San Andrés de Giles, es una postal de la vida rural bonaerense. Arboledas soñadas, callecitas de tierras, construcciones del siglo pasado y personas de andar cansino y sonrisa amable recorren sus veredas.
El pago gilense tiene restaurantes antiguos en los que se pueden degustar panzottis, canelones, ñoquis y tallarines caseros y -para el postre- pastelitos y buñuelos tradicionales. “La variedad de gastronomía es amplia y para que sea accesible para todos los bolsillos”, Alfonso Ponchion, coordinador de Turismo local.
Uno de los platos más buscados son las carnes asadas. “Siempre surge una buena excusa para comer algo hecho a las brasas”, recomendó. Otro producto típico es la galleta de campo con queso y salame que siempre va acompañada de un mate recién preparado.
Entre aromas a leña, recetas heredadas y mesas compartidas, los destinos turísticos bonaerenses invitan a redescubrir el valor de lo simple. Cada plato cuenta una historia, cada sobremesa guarda una tradición y cada rincón ofrece una manera distinta de vivir el campo.
Viajar por estas pequeñas localidades es también saborear su identidad: una mezcla de memoria, hospitalidad y cocina casera que convierte a la gastronomía en una experiencia para el alma.