De Manal a La Renga

La pesada herencia: medio siglo de rock duro argentino

La banda de sonido de El Ángel, plagada de temas de La Pesada del rock and Roll y Pappo's Blues, entre otras bandas, le dio pantalla y estruendo al rock pesado argentino, que este año cumple cinco décadas de vida.


Varias de las escenas clave de la que será la película argentina más vista del año, esa estilización violenta, onírica y definitivamente cinematográfica que es El Ángel, están impregnadas por el ADN del RPA:Rock Pesado Argentino. Esto es, un género degenerado, una bastardización del blues local, nunca desprendido del gen anglo que lo precede. Temas como Llegará la paz, Adonde está la libertad, Sucio y desprolijo (Pappo’s Blues), Voy creciendo, Verdes prados, Cada día somos más (Billy Bond y La pesada del rock and roll) y Avenida Rivadavia (Manal) electrifican el clima de época, otorgándole a la libre adaptación de los actos criminales de Carlos Robledo Puch un contexto exacerbado, descarriado, y definitivamente porteño.

Por más licencia poética en la que haya incurrido Luis Ortega para potenciar a su filme, el RPA conforma un folclore fundacional en nuestro rock. De Manal a La Renga, ha sido reino y fe de generaciones, un concepto transversal que va desde aquel impulso inicial de adaptar el blues a la fisonomía ciudadana de un trío a la capacidad arengadora, proletaria y masiva del trío de Mataderos.

La inminente reedición vinílica del primer álbum de Billy Bond y La pesada (1971), reconstruido a partir del master analógico y con la inclusión de su versión en CD, debut oficial de la obra en dicho formato expone algo más que una mercancía auditiva. Documenta un proyecto que reunió a nombres como Bond, Pappo, Spinetta, los Manal, Lebón colectivizando sus egos en pos del estruendo organizado.

CRONOLOGÍA

Los '60
Manal. Pioneros e insuperables.

El trío Manal (Javier Martínez en voz y batería, Claudio Gabis en guitarra y Alejandro Medina en bajo) le pone real “peso” al flamante rock argentino. Su aporte resulta más heavy por la inaudita confluencia cultural (el jazz, el blues, el tango, el Di Tella, los autores beatniks, el Bar Moderno la prosa de Macedonio y Marechal) que por los decibelios involucrados. Contemporáneos de la Atmósfera pesada de Sandro, editaron su primer simple (Qué pena me das/ Para ser un hombre más) en 1968. Su gran obra es el célebre álbum de la bomba (Manal, 1970), que incluye clásicos como Jugo de tomate, Porque hoy nací y Avellaneda blues.

Desde La Paternal, un joven guitarrista comienza a mostrar sus dotes. Norberto Napolitano (Pappo) ingresa a los 17 años en la primera formación de Los Abuelos de La Nada... para acabar con el grupo por su insistencia maníaca de sugerirle a Miguel Abuelo para virar hacia el blues pesado.

Lo rescatará Litto Nebbia para llevarlo a la última etapa de Los Gatos, con los que grabará los discos Beat Nro 1 (1969 y Rock de la mujer perdida (1970), donde deja su sello. Mientras tanto, los quilmeños Vox Dei estrenan el simple Azúcar amarga (1969), pionero de un estilo despojado y suburbano.


Los '70
Pescado Rabioso. Poesía eléctrica.

La década y el sonido que reivindica El Ángel: entre el amperaje, el descontrol y la violencia social. Sus primeros cinco años son modélicos e idealizados hasta hoy: de la diáspora de los tres grandes grupos separados (Los Gatos, Almendra y Manal) se escindirán proyectos de hard rock alucinado y criollo.

De Los Gatos asomará Pappo’s Blues, el trío con el que su líder buscará emular a Hendrix, Cream y Black Sabbath adaptándolo a su propio imaginario, con resultados fascinantes en sus primeros cuatro volúmenes.

Por su lado, Almendra derramará dos proyectos célebres. Primero, Pescado Rabioso, o la voluntad de Luis Alberto Spinetta de traducir a su propia cosmovisión a poetas como Rimbaud y Artaud y una banda como Led Zeppelin por el ojo de una aguja. Desatormentándonos y el doble Pescado 2, sus puntos culmines. Paralelamente, el guitarrista Edelmiro Molinari fundará Color Humano, una conjunción hermética de zapadas trascendentales.

Manal aportaría a sus tres piezas originales al montaje de Billy Bond y La pesada del rock and roll, con resultados excepcionales. ¿Una curiosidad? Dos trovadores también curtieron onda pesada: Miguel Cantilo con el grupo Sur y Miguel Abuelo con la banda Et Nada, en Francia.


Los '80
Riff. Ruedas candentes.

Para fines de los ‘70, el impulso del rock duro fundacional se estaba evaporando en manos de los modos más serios del rock progresivos y más bucólicos de la onda folk. Apenas sostenían la antorcha proyectos esporádicos como Polifemo (con David Lebón, el más exitoso), Aeroblus (Pappo + Alejandro Medina) y Plus , sumándose a los siempre batalladores Vox Dei.

El gran cambio se producirá con el cambio de década. Los exilios temporales y el roce de Pappo, Vitico y Michel Peyronel con el sonido europeo alumbrará el pasaje al heavy metal, el género que aggiornara al rock duro hacia otra estética y velocidad. Cuero, tachas e imaginería de ciencia ficción, más un curioso toque de new wave, conformarán la razón de ser de Riff, que hacia 1982 consiguen ser una de las bandas más populares del país, pero la violencia que asoma en algunos de sus shows les hace detener la marcha a fines de 1983, coincidiendo con el advenimiento de la democracia.

A su sombra despuntará V8, una versión extrema y cáustica, con raíces en la clase trabajadora y una actitud desafiante, presentando al pasional Ricardo Iorio en bajo. Tras ellos, florecerá una escena con nombres como Bloke, 6L6, Alakrán, Retrosatán y Kamikaze.


Los '90
Rata Blanca. Walter Giardino, al centro, un verdadero guitar-hero.

El apogeo del género en la última década del siglo estará marcado por la tensión expresiva entre dos ex V8, con dos bandas formadas a fines de los ‘80.

Así como Ricardo Iorio encontrará en Hermética un medio insuperable para canalizar sus inquietudes (los pueblos originarios, la desigualdad social, el orgullo de clase) cabalgando en un sonido cercano al thrash metal, el guitarrista Walter Giardino se valerá de su pericia técnica para llevar a Rata Blanca un paso más allá de lo que se suponía significar la popularidad para una banda del estilo. Y Mujer amante, una balada hitera, conseguirá el primer crossover radial de la historia pesada, arreciando la interna de los fans.

En medio de este apogeo, el trío A.N.I.M.A.L. se colará como el tercero en discordia a partir de una propuesta acorde a los sonidos de la época. Tatuajes, piercings y bermudas para desactivar el rigor del cuero y el pelo largo, y matizar con hip hop y música alternativa, tal como pregonaba el incipiente subgénero nü.metal.

Estos tres nombres, más la presencia de Horcas, Logos, Lethal y Tren Loco, consolidarán una época de oro. Un cenit de popular que no conseguiría ratificarse con el cambio de siglo, donde la falta de recambio haría el resto.


Los '00
La Renga

La falta de renovación del metal desde fines de los ‘90 propició que muchos de sus fans le echaran el ojo al sonido áspero y rocanrolero de un trío que ya venía llenando estadios desde entonces. Y de hecho, la banda liderada por el guitarrista y cantante Chizzo Napoli hizo recrudecer su sonido a partir del primer disco publicado en el milenio, La esquina del infinito (2000).

Así, moviéndose entre sus influencias primigenias (Vox Dei, Pappo’s Blues,Color Humano) y guiñándole un ojo al metal, La Renga se estableció como un canal oficial y popular de la música dura, potenciada con su posición intransigente (independencia discográfica, baja exposición mediática), descargada y aprendida directamente del manual de Los Redondos.

Convertida en una de las bandas más convocantes del rock argentino, convive hoy con la discreta convocatoria de Rata Blanca y la inestabilidad emocional e ideológica de Ricardo Iorio. A un nivel más subterráneo, los primeros años del siglo trajeron la reivindicación vintage del sonido stoner, alertados por Los Natas, Humo del Cairo y Poseidótica. Tampoco tendrían que quedar afuera propuestas como las de El Perrodiablo, Las Diferencias y Las Armas Buenos Aires, con una intensidad desuniformada.
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"Estoy en el infierno", el puntapié inicial

Que el primer tema de rock pesado en la historia del rock argentino no tenga una edición oficial es una forma de alimentar el mito. Estoy en el infierno (1968), incluida en la película Tiro de gracia (Ricardo Becher), estrenada en 1969, ofrece un clima de excitante pesadilla para una obra devenida en culto. “Todavía no estaba el nombre de Manal, pero en esa grabación participamos los tres más un tecladista, Roberto “Fanacoa” de Vita, que tocaba el Hammond. Se fue hace mucho, a Europa, aunque todavía estoy en contacto vía Facebook”, cuenta hoy Javier Martínez sobre la grabación a la que muchos consideran la primera del histórico grupo.

El filme se vale de una observación de la bohemia porteña de los ’60, basado en el libro de uno de sus protagonistas, Sergio Mulet, integrante del contingente beatnik porteño Opium. También hay una participación de la jovencísima Susana Giménez. “Hicimos un par de temas más, y toda a música incidental. Entre las canciones está Sigmund’s Zoo, que aparece en un momento de sanata con un psicoanalista, la cantamos a dúo (Alejandro) Medina y yo. Con el resto de la música, instrumental, queríamos hacerla como el quinteto de Miles Davis hizo la banda sonora de Ascensor para el cadalso (Louis Malle, 1958). Estudiábamos las secuencias, grabábamos y el director, Becher, cronometraba”, detalla Martínez y no niega que en algunos de esos momentos se escuchen algunos dedos de Pappo aporreando un teclado sin remordimientos.

De estas grabaciones, que hoy circulan en copias piratas descargadas directamente de la película, el guitarrista Claudio Gabis llegó a tener un acetato que, luego de un préstamo, se perdió en la noche de los tiempos. Cualquier información sobre su paradero bien recibida será. (C)