ENTREVISTA

Aristimuño: “Quiero darle una esperanza al que me escucha”

Compositor y productor, original, versátil, genuino, Lisandro Aristimuño cuenta sus comienzos en la Patagonia y su presente sin dejar de lado la difícil realidad argentina.
Micaela Mandel


Recién llegado de una gira por España y por la Argentina, rodeado de guitarras, con un cuadro de su disco “Mundo Anfibio” de fondo y mate por medio, dialogamos con Lisandro Aristimuño en su estudio de grabación.

Arrancaste tocando covers en Río Negro, ahora vas por tu segundo Luna Park, ¿cómo fue el proceso?

Siempre pensé que la educación, en el sentido de educar a alguien, es muy compleja. Tuve profesores y maestros muy buenos, pero también hay una necesidad de cada persona. Cuando crecí y me hice adolescente, intenté estudiar en un conservatorio y me fui a los tres meses porque era muy matemático. Y me parecía que la música no era así. No me divertía, que eso es lo más hermoso. Tengo una hija de 6 años que cuando no se divierte, se aburre y empieza a llorar o empieza a manifestarse de algún modo para que yo le diga “no podés hacer más eso”. Voy a cumplir 40 y pienso lo mismo conmigo, que uno cuando hace algo se tiene que divertir, le tiene que gustar, “apasionar” sería la palabra.


Hoy podés vivir de la música, pero hubo todo un camino.

Cuando algo te gusta realmente, te produce algo, lo bancás. Aunque tu familia esté en contra. Lo mismo cuando te dicen que “tenés que ser eso”. Pero esa gente, esa fuerza salió para el otro lado también. Siempre fui “el rebelde” dicen… y no, no fue una rebeldía, yo quería hacer esto. Incluso en mi adolescencia pensaba que no servía para otra cosa. Me di cuenta lo que quería ser y que realmente podría hacer algo que esté bueno. Para mí y para mis amigos, para mi novia, para mi entorno chiquito. No pensaba en lo que me pasa hoy. Lo hice desde una pasión y desde algo genuino.


Producís tus discos y los de otros, ¿qué es ser independiente y autogestivo?

Es libertad. Conozco el otro lado, sé lo que no quiero, sé lo que no tengo ganas de hacer, entonces uno hace lo que hay, bien o mal, no importa, pero está haciendo algo. La autogestión y la independencia es hacer algo que uno quiere hacer. Y no tenés un tipo que te diga “si querés hacer esto, tenés que hacer esto y esto y esto”. Te cambia hasta la cara. Nunca me banqué eso. Quiero mostrar lo que soy, siempre. Lo que soy en la vida, no hay ningún tipo de venta ni de simulacro con eso.


Igual no todos logran destacarse como vos…

Lo sé. Pero siempre digo: sientan lo que quieren ser y pónganse firmes con eso. Puede ser doloroso, que tus padres no quieran o no te banquen más. Puede pasar…


¿Los tuyos te ayudaron en esto?

No. Lo hice solo. O sea, me ayudaron inconscientemente, en cuanto a criar a una persona, eso es ayuda. Pero después, ya de adolescente, decidí lo que quería hacer. Me fui de mi casa. Fue una rebeldía, que a su vez cuando grabé mi primer disco, mi viejo empezó a decir “está bueno lo que hacés”. Tenía, en algún punto, que demostrarle algo. Y ahora es mi fan. Me imagino con mi hija también, te da miedo esa rebeldía de tu hijo. Y querés algo seguro para él en este puto sistema. Pero han cambiado los parámetros. Ahora mis viejos ya consideran que soy músico porque me vieron en Clarín, La Nación, Página/12, porque llegué al Gran Rex o al Luna Park… La gente grande quiere que le demuestren con cosas más grandes. Y ese es el problema de la educación: exigirle a alguien que te demuestre lo que sos y no acompañar tu crecimiento para eso. Ahí está el paso en falso.


¿Cómo te interpela lo social?

Soy alguien que piensa en su alrededor. Estoy alerta de lo que ocurre y de lo que veo. No como músico sino como persona. Salir a la calle, ver qué pasa. Mi repertorio se modificaría si salgo del hotel y hay una manifestación o hay dos abuelos besándose. Uno siempre quiere dos abuelos besándose, pero las circunstancias del país hacen que a veces no puedas ni salir. El taxista te dice “estoy en la esquina, no puedo pasar porque la avenida está repleta de manifestantes”. Y ahí me digo “no, pará” y cambio el repertorio.


Hace poco se cumplió un año de la desaparición de Santiago Maldonado, ¿te afectó?

Muchísimo. Es una injusticia muy grande. Todavía no hay alguien que dictamine o diga algo, pero se sabe que fue un asesinato. Lamentablemente la justicia es muy lenta y hay mucho en juego que desconocemos. Y lo lamentable es eso, el desconocimiento de la verdad.


¿Aparecen estas situaciones a la hora de componer?

Sí, pero de una manera poética. Siempre intenté que el arte no pierda esa esencia que tiene, que es también jugar y pensar en la fantasía. Soy realista en mi vida, pero como músico juego. Me encanta eso. A veces vengo acá puteando pero no voy a putear en mi letra, intento camuflarla con poesía… puede ser muy mala. Siempre con un grado de comunicación, más que manifiesto…


Más por lo implícito…

Me interesa eso, comunicarme y darle al que me escucha una esperanza, no decirle solamente “esto es una mierda” sino que hay algo más, “tu vida es importante”. Darle importancia a la individualidad también, a vos mismo, no a quien te gobierne. Esa es mi intención cuando escribo letras o hago música.


Si pudieras entrevistar a alguien, a cualquiera, ¿a quién elegirías?

Hoy hablaría con Mauricio Macri para preguntarle qué mierda está haciendo. Qué piensa él de lo que está haciendo. Si me das ese poder, de estar con el tipo adelante y decirle “¿¡Qué estás haciendo hermano, qué pasa por tu cabeza!?”. Si fuera periodista, intentaría hacer eso. (Anncom)