AFRO & JAZZ

El baterista Roberto Rutigliano se presenta en Buenos Aires con un show afro y jazz

El músico argentino radicado desde hace casi 30 años en el Brasil tocará el jueves a las 21 en Clásica y Moderna.


El baterista y compositor argentino Roberto Rutigliano, radicado desde hace casi 30 años en el Brasil, es un constante explorador de las fusiones del jazz mixturado con ritmos como el tango, nuestro folclore o distintas músicas autóctonas.

En su visita a la Argentina, Rutigliano ya realizó un homenaje a los grandes compositores de la Bossa Nova y presentó su tema “Un día en Bacayá”, en el cual deja trascender su delicada cadencia en la interpretación, un sutil acompañamiento rítmico donde se lucen los músicos Charly Arana (guitarra), Pedro Menéndez (flauta), Germán Pontoriero (bajo) y Lautaro Julio (piano).

Para su segundo show, previsto para este jueves a las 21, en Clásica y Moderna, Callao 892, se presentará acompañado por Matías González en bajo y con Ricardo Nole en piano, con un repertorio más afro, dándole forma a un proyecto que hace ya tiempo el baterista quiere concretar mezclando la sonoridad negra rioplatense con el jazz de Coltrane y lo afro brasilero. También participará especialmente Pablo Mitilineos en guitarra, interpretando Oblivion, de Astor Piazzollla.

“El show es un encuentro histórico porque admiro mucho a Matías, bajista que tocó con Dino Saluzzi y con quien tengo una afinidad ideológica musical inmensa, y con Nole, pianista, arreglador, compositor a quien conocí cuando tocaba con Rubén Rada. Vamos a interpretar un repertorio autoral de Ricardo, ‘Ayer te vi’, de Rada, Afro Blues, de John Coltrane y Saturnina una música mía donde juego con la zamba argentina y el samba brasileño”, dice Rutigliano.

En su incesante mixtura de ritmos, en la actualidad mezcla el candomblé con la música centroamericana y tango y con influencias clásicas, siempre con la espontaneidad de la improvisación que ofrece el jazz. “Trato de escuchar más a los otros músicos y así instalar un diálogo sonoro que permita que la música pueda trascender mi performance individual”.

Como baterista, Rutigliano manifiesta que está situado en un lugar que valoriza el swing, el sonido y la interacción con los músicos. “No valorizo lo virtuoso y sí la búsqueda por nuevos comportamientos del instrumento y nuevas instrumentaciones para los ritmos. Hay ritmos ancestrales que aparecen en muchas tradiciones y nuestra misión sería orquestarlos de nuevas formas, con los tambores, con los platos… La batería tiene un camino para crecer en ese sentido. Como es un instrumento polifónico, el hecho de poder tocar cuatro voces al mismo tiempo nos permite innumerables combinaciones de timbres y de ideas simultáneas”.

Lo que lo lleva a la fusión, dice, es una vocación cosmopolita. “En el arte, en toda la historia, hay dos corrientes estéticas claras: una purista que entiende que los estilos son algo estático y otra nómade, que entiende que los estilos pueden florecer. Entiendo que hay que tener un pie en la tradición pero comprendo, a su vez, que eso es algo dinámico, como algo siempre en movimiento.

Hay que tener una esencia y al mismo tiempo provocar un cambio. El arte tiene que estar enraizado pero también tiene que estar aspirando a algo actual. Esto puede ser el encuentro con el jazz o con otro estilo, como en mi caso lo es con ritmos de origen negro”, afirma. Su formación transitó por la música clásica con el maestro Antonio Yepes; en el underground, con Krisha Bogdan y Angel Jugovac en el Parakultural y en .el café Einstein.

“Había un ambiente creativo muy entusiasta en los ‘80, venía como un desdoblamiento de lo que fue el Instituto Di Tella. Había un entorno rico y se respiraba arte de la mano de Marcia Schratz y el gordo Peralta Ramos por ejemplo. En esa época comenzaba a escuchar a los músicos de jazz y Pop y la música contemporánea... profesionalmente tocaba con Marikena Monty y Julio Lacarra”:

Hasta que en 1988 se fue a Brasil y no volvió a la Argentina hasta el 2008 para vincularse y hacer presentaciones con músicos de influencia brasilera, como Américo Belloto, Daniel Bineli, Abel Rogantini, Juan Pablo Navarro, Diego Waigner y Juan Cruz de Urquiza entre otros. Para ese entonces, en Brasil ya había grabado tres discos, uno de éstos producido por Egberto Gismonti, y desarrollado proyectos de fusión entre el jazz y música centroamericana y tango.

Este año grabó dos discos acompañado por músicos brasileños, uno basado en la mixtura de música clásica y brasilera, todo un desafío para él debido a que tuvo que hacer arreglos para batería para composiciones de Georg Haendel, Frédéric Chopin y Heitor Villa-Lobos, y el otro de jazz, con composiciones de Coltrane y de Miles Davis, con una perspectiva más jazz y latin jazz, influencias de Conrad Ewing y Chucho Valdez.

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