ESTRENO

En "Los decentes", Lukas Rinner aborda la lucha de clases a través de un conflicto vecinal

El cineasta austríaco Lukas Valenta Rinner, radicado en Argentina desde hace 10 años, estrenará hoy en salas locales “Los decentes”, “una verdadera olla a presión” en donde aborda la lucha de clases y el conflicto entre dos modos contrapuestos de ver el mundo, a través del drama de una joven que trabaja como empleada doméstica en un exclusivo barrio privado del Conurbano, junto al cual funciona un club nudista swinger.


Egresado de la Universidad del Cine de Buenos Aires, el autor de “Parabellum” y productor de varios filmes, pone a su protagonista -una sorprendente Iride Mockert, en su primer papel protagónico en cine- en el medio de dos formas de vida antagónicas: el vacío existencial de quienes viven vidas pulcras, pero frustradas y solitarias, y aquellos que poseen lo mínimo y tratan de vivir una vida más lúdica y libertaria.

“Los decentes” sigue los pasos de Belén, una joven de 30 años que encuentra un trabajo como empleada doméstica cama adentro en un exclusivo barrio privado, donde descubre que tras el cerco se alza un mundo extraño, un club nudista donde ella se va insertando poco a poco, y empieza a encontrarse a sí misma como persona, en medio de una tensión creciente y peligrosa entre esos mundos contradictorios.

“La película habla de una lucha de clases. Y en ese sentido creo que tiene una dimensión política, aunque quería evitar el típico cliché de ricos contra pobres y encontrar una alegoría más compleja que hablara de una realidad social argentina y mundial en la que esos enfrentamientos ideológicos marcan cierto capitalismo tardío y una división de la sociedad cada vez más evidente”, explicó el cineasta.

Rinner señaló que “se trata de dos modos de ver el mundo. De un lado, un sistema hipercapitalista en el cual la clase alta se aísla del resto de la sociedad, y al otro lado del muro encontramos un campo nudista, un mundo más lúdico y libertino, un símbolo del rechazo a la vestimenta, que es un instrumento de dominación porque nos define socialmente. El nudismo es una toma de posición política”.

Para el cineasta, la protagonista “descubre sorprendida ese otro espacio y se convierte sin quererlo en una especie de nexo entre ambos mundos. Casi como si fuera Alicia en el País de las Maravillas que pasa por un túnel a un mundo diferente. Hay una transformación muy profunda en ella. Algo del descubrimiento de ella como mujer y como ser humano”.

Lo interesante del filme, además de su costado político, es su génesis, ya que se trata de un proyecto urgente que nació gracias al interés de los organizadores del Festival de Cine de Jenjou (donde “Parabellum” ganó en 2015 el Premio del Jurado), quienes le preguntaron si tenía una nueva idea y a los 10 días le entregaron 90.000 dólares para filmar y le dieron una fecha de estreno mundial en su siguiente edición.

“Fue una película espontánea, con formas muy experimentales de escritura y producción. Teníamos que buscar a los actores sin tener un guión terminado, teniendo en cuenta que la película habla sobre personas que se embarcan en el nudismo. Esta película fue una forma de descubrir un fenómeno que yo desconocía, algo que quebraba mis límites y mis propias experiencias”, recordó.

El director dijo que las personas que viven en ese country privado, especialmente la mujer adinerada pero solitaria y frustrada que contrata a la protagonista, expresan “un dilema existencial de aquellos que lo tienen todo pero sufren un vacío humano. Tienen mucho dinero y comodidades pero están completamente solos y reprimidos. No hay vida ni búsqueda posible para Belén en ese espacio”.

En relación al nudismo y a la forma en la que retrató cuerpos imperfectos y reales, Rinner sostuvo: “Empecé a buscar referencias para ver cómo acercarme a cuerpos desnudos en el cine, pero no encontré demasiado. Entonces empecé a ver muchas pinturas clásicas para ver la disposición de los cuerpos en el espacio. Cuadros vivos que se fueron componiendo ahí mismo, siguiendo los espacios que teníamos”.

“Eso ayudó a quebrar la narrativa clásica para poder crear momentos de contemplación, como si estuvieras observando un cuadro”, agregó el cineasta, cuyo objetivo fue filmar “cuerpos reales, bellos pero no modelados según los patrones televisivos”.

En ese sentido, Rinner aseguró que “la película se opone a esas definiciones y búsquedas de representaciones perfectas de uno mismo como si tuviéramos que ser cada vez más bellos y perfectos para presentarnos frente a la sociedad. La película va contra eso y busca la belleza en los cuerpos comunes y naturales. No esconde las imperfecciones”.

La película funciona como “una olla a presión, ya que existe un clima que la va cargando de una tensión que busca liberarse. Ella sufre una opresión en ese espacio en esa familia tan simpática y violenta a la vez, donde existe una exigencia social permanente para ser perfecto y exitoso. Y eso está pasando en la Argentina, tanto a nivel político como social”.

G