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Fernanda García Lao: "La Argentina es un matadero, y si te salvaste añorás la sangre"

"Siempre pienso las historias a partir de los cuerpos y son los cuerpos los que las narran y les dan sentido", dice la escritora.


Fernanda García Lao indaga en su última novela "Nación vacuna" en un universo atravesado por la burocracia donde los cuerpos femeninos quedan expuestos a la mirada de Jacinto Cifuentes, un oscuro funcionario cuyo deseo se va transformando en una pasión caníbal en un contexto en el que una junta civil gobierna la capital recién mudada al sur.

"Nación vacuna es la memoria argentina de un futuro histórico que ya pasó sin que lo viéramos. Una realidad fantasma que enloquece nuestras percepciones sin que sepamos si se aleja o se acerca, camuflada bajo la telaraña de los días", escribe Juan José Becerra en la contratapa del libro, editado por Emecé.

Autora de las novelas "Muerta de hambre", "La perfecta otra cosa" y "La piel dura", del libro de cuentos "Cómo usar un cuchillo" y de los libros de poesía "Carnívora" y "Dolorosa", García Lao (Mendoza, 1966) recibió en su casa del barrio de Olivos donde definió a su nuevo libro como "una novela sobre las versiones del discurso", y habló de su nuevo proyecto: una historia sobre su barrio que surgió a partir del comentario de una nueva vecina que preguntó "¿este olor es normal?".

- En tu narrativa los cuerpos ocupan un rol central. Pienso en "Muerta de hambre" o "La piel dura" y en esta novela en la que los cuerpos, sobre todo de las mujeres, son protagonistas.

-  Lo que me sorprende es que no haya cuerpos en el resto de las novelas porque no concibo una historia sin cuerpos. No solo porque vengo del teatro, donde es fundamental el rol del cuerpo, sino porque también es mi principio y el tuyo, es el primer estuche, entonces es raro obviarlo. Siempre pienso las historias a partir de los cuerpos y son los cuerpos los que las narran y les dan sentido. Creo que todos los intentos que hizo la literatura por eliminarlos, como con el objetivismo, fueron frustrados. Uno se busca en los otros. En "Como usar un cuchillo" tengo un cuento que se llama "Mesita" en el que la protagonista es esa mesa que da cuenta de ese asesinato. El cuerpo y los objetos narran.

-  ¿Cómo surgió el personaje de Jacinto Cifuentes, un protagonista atravesado por la burocracia tan imposibilitado de sentir placer?

Hay un muestrario de cuerpos femeninos histórico, y el hombre ha sido el observador y el coleccionista. Me gustaba contar esa historia desde el lugar más incómodo que era el del tipo. Porque quería ser infiel al género. Lo más fácil es ponerme en el lugar de la mujer y ya lo había hecho en otras novelas. Si bien acá están los cuerpos presentes, la conciencia que los observa es ajena. Es un tipo que no siente placer alguno.

-  También hay una relación muy tortuosa de Jacinto con su propia familia. 

Es que la primera tragedia es doméstica, es puertas adentro, ahí se generan los primeros mecanismos de poder y de perversión. Esas conductas después se imitan afuera. 

- Al leer esta historia uno no puede evitar pensar en "El Matadero". 

Sí, me parece que la Argentina es un matadero y si te salvaste añorás la sangre. Cuando nos fuimos en el '76, mi viejo dijo "no voy a volver más a ese lugar", y sin embargo en España escuchaba tangos y había adoctrinado a un carnicero para que hiciera algunos cortes. 

- En algunas entrevistas decías que te impactaban los rituales que se generaban con la carne en nuestro país, como por ejemplo, con el asado. 

- En varias ocasiones he dejado de comer carne, por piedad, por hartazgo o por vergüenza. Han ido cambiando las causas y siempre he tenido que volver a comer carne porque el cuerpo demandaba, soy de anemia fácil. A los 20 años volví y estuve un tiempo en Mendoza, no me adapté y volví a Madrid. Me pasaba algo no sólo con la carne y el asado, sino también con las mujeres y el asado. Yo además era punk, iba con el pelo batido y toda de negro. No sabía que el código era que los hombres hacían el asado y las mujeres las ensaladas. La actitud de irme a charlar al lado de la parrilla generaba conflictos internos. No sé si me espantó más la carne o esa actitud. 

-  El clima de agobio es una característica muy fuerte de esta novela. El mundo burocrático en el que está inserto Jacinto está en un primer plano. 

-  Jacinto apareció siendo un funcionario estatal que era algo que me interesaba indagar. Ninguno tiene piedad ahí adentro. Son impiadosos, impacientes y agrios. Los intentos de ternura son sofocados rápidamente.

- ¿Qué te interesa especialmente del mundo burocrático? 

-  Hay algo que siento que es bien kafkiano en esa herencia. Por otro lado con esta idea de que cada nuevo ocupante de una dependencia pública saca o delata supuestos "ñoquis", pensaba que todos somos cuerpos manejados por el poder. Por ejemplo uno puede escribir, decir a través de las redes sociales, pero no sos dueño del soporte, ya que hay censuras a algunas partes de cuerpos que no se pueden mostrar. No interesa lo que es real, un símil o una copia. 

- Ahí hay otro cruce entre cuerpo y Nación que atraviesa la trama. 

Es que además estamos en un país en el que el cuerpo, mucho más que en otros lugares, es un símbolo. No sólo por la ausencia de cuerpos en el caso de los desaparecidos, también con el cuerpo de Evita y su derrotero, las manos perdidas. Para mí la palabra también es cuerpo, la manera de organizar discurso es cuerpo. En la estructura que armo siempre tengo claro dónde está la cabeza del relato, si se mueve, cuáles son sus miembros, y me gusta empatar el trabajo literario con el conocimiento del objeto como si fuera un cuerpo que vive. Para mí el texto tiene que estar vivo y tiene que latir, tener una respiración. 

- Al mismo tiempo que escribías esta novela, escribiste el libro de poemas. ¿Cómo fue ese proceso? 

- Mientras escribía este libro escribí varios porque fue un proceso largo. Siempre estoy dos o tres años con cada novela y nunca empiezo una apenas termino otra, sino que se superponen los proyectos y es una manera de sentirme libre y no atada a entender un solo universo. Recién este año cuando salió "Nación vacuna" y "Dolorosa" (un poemario) me quedé sin proyecto de pronto porque tengo algunos cuentos pero dije no sé cómo sigo. El terror de no saber me enfocó en una historia que tiene mucho que ver con este barrio (Olivos). En este caso fue el barrio, y un comentario de una nueva vecina que preguntó "¿este olor es normal?", y me disparó todo lo que estoy escribiendo ahora.

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