Crumb, el hermoso almacén de historietas de La Plata

Por Mariana Yannuzzi.- La ciudad cuadrada se caracteriza por muchas cosas, pero sobre todo por el caudal cultural que posee. Muchos hacen desde la autogestión y en esa circulación se van generando diferentes espacios, Crumb no es la excepción, dos amigos y un proyecto en conjunto, dieron como resultado un lugar donde se pueden encontrar historietas y afines.


Pasar por diagonal 77 es casi una visita obligada a Crumb, una pequeña vidriera que agolpa libros y flyers con información de talleres, que explotan de color una cuadra bastante gris. Los anfitriones son Agustín y Ana, dos amigos que ya habían trabajado juntos en una cadena de venta de discos y libros, que luego devino en electrodomésticos.

Ellos cuentan que fue ahí cuando empezó todo, cuando comenzaron a imaginarse la posibilidad de tener un proyecto propio. No hace falta mucha imaginación para verlos en los pasillos de su antiguo trabajo, con las remeras correspondientes, planeando entre los pasillos lo que hoy es un sueño cumplido.

Al parecer el que tuvo la iniciativa fue Agustín, fanático por cierto de los cómics, quien insistía en que debían hacer algo por su cuenta y dejar el trabajo con relación de dependencia que tenían. Anita cuenta que a ella le costaba pensar en la idea de mandarse a hacer algo independiente, por eso Agustín fue el primero que renunció, y se fue tras un proyecto personal, que no continuó. Después de un tiempo las cosas en el trabajo para Anita empezaron a ponerse un tanto difíciles, y fue en ese estado que pudo tomar el impulso para no sólo renunciar, sino sacar un crédito sin consultarle a su futuro socio, para montar el local.

“Hola, renuncié y saqué un crédito, pongamos un local” fue lo que Anita le dijo a su compañero por teléfono. Recibir una noticia tan de golpe sólo tuvo como respuesta un “No sé”. Cortaron, el teléfono volvió a sonar y era Agustín recuperado del espasmo, para decirle que estaba todo bien, que la idea seguía en pie. Y así fue como de a poco se fueron armando, aprendiendo al mismo tiempo que montaban un espacio, primero en calle 56, comprando juguetes que luego no podían sacar de la aduana y aprendiendo lo que significaba estar a cargo de su propia aventura.

“Al principio éramos minimalistas, teníamos un solo libro de cada autor” cuanta Ana recordando lo que fue por ejemplo la inauguración, donde asistieron todos los amigos y compraron un montón, por lo que se quedaron automáticamente sin stock.  Aprender haciendo fue siempre el camino exitoso para ellos.

Hoy luego de casi tres años están más instalados que nunca. Realizan actividades todos los días, además de la venta de libros, ofrecen una gran cantidad de talleres y casi todos los fines de semana hay presentaciones y encuentro de amigos. 

Como ya dijimos antes, Crumb es un lugar hermoso, porque sus dueños son hermosos  y nos demuestran que hacer lo que nos gusta siempre vale la pena.