Como fruto de una historia entre madre e hija

Biblioteca "Del otro lado del árbol": 10 años de homenaje a la infancia

Por Agustina Berardozzi (@agusberardozzi_) exclusivo para Diario Platense.- La biblioteca "Del otro lado del árbol" es un espacio social y cultural recuperado formado por un un colectivo de personas e integra parte del circuito cultural de la ciudad de La Plata desde 2011 


La historia de la biblioteca infantil "Del otro lado del árbol" comenzó un 2 de abril de 2011: nació como el fruto del amor entre Paula y Pilar, una mamá y su hija. Un tiempo antes, Pilar iba a la última sala del jardín, estaba aprendiendo a leer, le gustaba mucho jugar en la plaza, como así también escuchar cuentos y dibujar. Fue entonces cuando le descubrieron una enfermedad grave. Durante meses, Pili y su familia pasaron muchas horas en la Clínica del Niño de La Plata, soñando con una biblioteca que acompañara a los chicos y chicas que atraviesan situaciones difíciles, como la que estaban transitando ellos.

Pese a la enorme fortaleza y a su incansable lucha, Pilar falleció el 12 de enero de 2011. En medio de todo este dolor, Paula Kriskautzky junto a familiares y amigos, empezó a trabajar por el sueño de Pilar. Se gestionó un galpón en el Parque Saavedra, se invitó a la comunidad a participar y colaborar de distintas maneras, y se sumaron cientos de manos y donaciones hasta conformar y consolidar el espacio que hoy todos pueden disfrutar. Con el correr del tiempo, ese pequeño sueño se transformó en un gran proyecto: una biblioteca popular infantil abierta de lunes a sábados, la cual comenzó a interactuar con distintos centros de salud, colegios y jardines; estableciendo así un espacio artístico- cultural.

"Del otro lado del árbol" es un espacio donde se sueña y se trabaja por infancias libres y felices. Donde se cree en la transformación del dolor en acción. Se sostiene a través de tres pilares fundamentales: la salud, la educación y la cultura, atravesados siempre por la literatura. La biblioteca cuenta hoy con más de 20.000 libros que, en su gran mayoría, han sido donados por la comunidad.

Trabajadoras por la infancia

Gisela Arandia es la bibliotecaria de este espacio, y charló con Diario Platense. Contó que está desde el inicio y que fue su manera de acompañar a Paula y a la familia de Pilar en ese momento tan doloroso. “Desde que llegué, no me pude ir más de la biblioteca. Es un espacio realmente transformador para todas aquellas personas que habitamos el lugar. Nos permite crear y pensar siempre algo novedoso para hacer. Nunca estamos quietos”, comentó.

Explicó que comenzó dando talleres de teatro, y terminó estudiando la carrera de Bibliotecología , cosa que nunca se hubiese imaginado. “Ahora con la pandemia hay muchas actividades que no podemos hacer y creo que es la parte que más extrañamos con las y los lectores. También se extraña hacer el trabajo de enlace con escuelas, dónde nos visitaban muchos y muchas alumnas de diferentes colegios de la ciudad y donde nos permitiamos jugar, siempre a través de la literatura. Esperamos que todo pase y vuelva a ser como antes o en lo posible, mejor. Porque eso es la biblio: creación y transformación constante”, agregó Gisela.

Julieta Oviedo es maestra del Nivel Inicial y también es trabajadora de este espacio, y hace diez años que está. Contó que llegó por la convocatoria que hizo Paula por la redes, donde decía que “algo iba a pasar en el parque”. “Primero me sumé al armado de la biblio y después cuando empezaron a venir las escuelas, las recibiamos. La propuesta era contar cuentos, invitar a las nenas y a los nenes a vivir una experiencia mágica dentro de un bosque, de un parque mágico donde habitan duendes y hadas, que se pueden mirar si uno mira con los ojos de imaginar y ver cosas maravillosas. Después entrabamos a la biblio, les contábamos un poco la historia y como estaba armada para que después pudiesen replicar el armado de una biblioteca en sus proyectos áulicos”, contó.

Explicó que cuando las restricciones de la pandemia eran menos,  y afuera hacía más calor se aprovechaba el parque para contar cuentos a la gente que pasaba por la biblioteca, siempre respetando la distancia social y el aire libre. Generalmente con alguna propuesta temática: a veces eran monstruos, otro día eran cuentos de abuelas. “Ahora ya eso se terminó y volvimos a hacer solo trabajo de biblioteca: ordenar los ejemplares que entran, que generalmente, son donados. Uno en este lugar aprendió que además de transformar el dolor, que es lo que hizo Paula y su familia, con la biblio también se transforman los momentos por los que estamos pasando y sobre todo este en particular”, describió Julieta.

“En este espacio hablamos de los derechos de los niños y las niñas desde otro lugar, que no es la escuela .Es un lugar más desestructurado, que te permite que cualquier cosa que se te ocurre, al no estar dentro de un sistema de educación formal, se pueda proyectar y hacer. Acá se puede volar con la imaginación. Para mi la biblio es transformación, es un espacio donde encontré un montón de amigos, donde disfruto estar”, expresó la maestra.

Por último, Julieta consideró que para ella estos diez años pasaron muy rápido y que le parece que fue ayer cuando se sentó debajo del árbol a compartir unos mates con gente que no conocía. “Conocí gente muy importante del palo de la cultura, que creo que en otro contexto no lo podría haber hecho o me hubiese costado más. Aprendí que en la biblioteca hay pluralidad de ideas y de personas”, sostuvo y enfatizó: Somos todos muy diferentes, y uno aprende que para transformar y proyectar, no hay otra manera que no sea colectivamente. 

La biblioteca es eso, un colectivo hermoso de personas grandes y pequeñas que la hacen todos los días. Tiene un gran futuro, y está bueno saber que de acá no nos vamos más”, concluyó.


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